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El Hombre Que Nunca Llegó a Jagüey   (c)

 

Por:Enrique J. Velázquez Marrero

El atrapado despertó enervado, casi exánime, al escuchar que alguien se acercaba. Era hora ya de su muerte. Uno de sus pusilánimes captores le ofreció un pitillo que acababa de encender, el lo tomo y con mucha dificultad se puso de pie y se acercó a la polvorienta ventana del viejo salón de clase mientras que el grillero encendía otro para él. El viento soplaba suavemente en su rostro como ultima caricia de despedida de las sierras que ya no habrían de reclamar su concurso. En ese momento y mientras exhalaba una bocanada de humo, vio a cuatro apesadumbrados soldados cargando dos inmolados cuerpos en un jeep... Ya solo faltaba él.

De pronto sintió a otra persona que entraba al lúgubre salón, pero no se molesto en mirar, total, un verdugo más, un verdugo menos.
A las doce del día ya sabía que no llegaría a Jagüey. Estaba listo para partir, el tiempo era sublime, no había mejor día para morir. No era de sorprender su genuina serenidad ya que sabia que otro habría de empuñar su botafuego, que su prosa libertadora resonara embelesante mientras que la justicia sea exígüida.

Llegado el infausto momento el atrapado, debilitado por el desvelo y la falta de comida, le sonrió piadosamente a su vicario, quien se acercó pavoroso, temblando de pies a cabeza como quien se muere de frío, aterrado por la mirada de hombre del aun imponente atrapado, apuntando vacilante e inseguro con su arma...

No muy lejos de allí, sus atosigados compañeros, sin imaginar lo que en realidad ocurría, sintieron el infame rafagaso seguido de varias detonaciones desparramadas que el segundo verdugo había disparado para rematar al sucumbiente, pero sonriente Cid. Los medrosos soldados llegaban en gran numero. Querían ver el cuerpo del tragahombres, quien aun después de muerto les seguía infundiendo un terror agazapador.

Al poco rato dos apesadumbrados y atemorizados soldados, cargaron en el mismo jeep, junto a sus compañeros el cuerpo de "el hombre", vehemente revolucionario cuyo único crimen lo fue la máxima aspiración de crear al hombre nuevo con su incólume ejemplo...

 

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